La gama de chorizos en nuestro país es casi inagotable. Ya sabíamos que este país es tierra de chorizos, y de un tiempo a esta parte vienen embutiéndose en los más dispares envoltorios.
Hay chorizos varios: el de tripa del propio cerdo, el de tripa fabricada, que más parece plástico que tripa, después está la tripa culera, esa se reserva para los chorizos más gordos, así que cualquiera sabrá distinguir, porque el chorizo gordo se ve a la legua y está muy cotizado, y se conserva muy bien, y no hay ágape que se precie sin su presencia, y es, por los tiempos que corren, casi inasequible a la clase de abajo, la que siempre mira hacia arriba a ver si cae algún chorizo; esa, esa.
Sabemos que existe el chorizo de Cantimpalo, el de Guijuelo, el de Jabugo, el de Cuenca, el de Teruel, Segovia; en fin, el chorizo por casi toda España salvo en las costas, que no es de chorizos sino de pescados. De modo que unos choricean y otros pescan. Se suele decir que en aguas revueltas ganancias de pescadores. Ganancias hay muchas y pescadores más; con red y sin ella, con barquita y sin ella, aunque lo más difícil es pescar tierra adentro, como la pesca del ladrillo, más rentable que el pez y cuyas ganancias el banco las transforma en lingotes de oro, que es otra forma de ladrillo pero con el destello del pez, por eso en muchos casos esos lingotes relucientes vuelven a la mar en forma de yates de lujo, llenos de chorizos, ¡mira por donde!
Eh aquí el milagro de los peces y los panes, o los peces y ladrillos, que viene a ser lo mismo, y que nos enseñaban en la escuela en la asignatura de Historia Sagrada. Claro que en la época de Jesús no había chorizo, que se sepa, y Jesús, por lo que tengo oído, solía predicar con el ejemplo.
El chorizo pervivirá a pesar de la crisis porque es un símbolo nacional. Hasta algún turista desconocedor del autentico chorizo, creyéndose más listo que nadie, picó, y lo choricearon, claro. Y ahora se quejan que aquí no hay justicia, y que esto es un país de tramposos, aunque en sus países haya también tramposos pero allí al menos arriesgan su pellejo, mientras que aquí; un apañito por aquí, una recomendación por allá y todo solucionado.
La Justicia anda revuelta. No sé si es porque no saben donde meter tanto chorizo porque la despensa se ha quedado pequeña, o es porque le tocan al bolsillo como a los de abajo que ya no necesitan bolsillos.
En fin .He tratado este tema recordando la matanza del cerdo en mi pueblo que era por estas fechas. Aquel sí que era un auténtico chorizo, porque nos sacaba del hambre y la miseria, no como el de ahora que va cargado de colorantes, saborizantes… todo para despistar, o sea, venderte gato por liebre, por eso se ha propagado tanto.
Así pues, ¡ojo avizor al chorizo! y disfrutemos del de verdad, el de cerdo de toda la vida.
¡Buen provecho! y ¡FELIZ AÑO 2013!
Félix.
