01 abril 2015

A MI PADRE QUE TANTO QUISE






                          
Empezaría diciendo en nombre de todos los hermanos: ”Padre nuestro que en el cielo estás”, pero yo sé que tú me dirías:” Venga, déjate de pamplinas y al grano”. Pues al grano, padre. La verdad es que me cuesta mucho tuteare porque eso no se hacía en nuestra infancia, era otra educación, pero, bueno… Lo que ahora recuerdo con toda nitidez, fue cuando me llevaste en la bici “Orbea”, verde pradera, qué guapa, ¿recuerdas?, al mercado de ganado el día de San Bartolo, en Aldeadávila, hace sesenta años, ¡cómo pasa el tiempo, rediez! Allí compramos una cerdita muy gruñona pero muy lista, eso decías tú, y que fue nuestro sueño y nuestro alimento más tarde. Recuerdo que  subías las cuestas de la carretera de cantos de cuarcita, conmigo atrás, sin levantarte del sillín, como el mismísimo Induráin; músculos de acero los tuyos, que mil veces te reproché, padre,  no haberlos heredado yo —no me digas que no—, aunque en otras cosas me parece  que salí ganando, sí, y no te rías , pero para músculos, como decía, los tuyos, porque yo nunca hubiera podido echarme a la espalda una saca de harina de cien kilos a los diecinueve años, como tú al descargar del camión con tu ayudante las treinta sacas, o sea que pasaron unos dos mil kilos por tus costillas en media hora, así como si nada, y por eso, tu patrón, don Higinio Severino,  te admiraba, y también porque hacías el mejor pan con abuelo Ángel, pan que se vendíais como rosquillas.
Cuantas veces te recuerdo diciéndome: “Hay que ser honrados por encima de todo, pobres somos, es verdad, pero honrados”, ese fue siempre tu lema, y tal como me lo enseñaste lo llevo por bandera. Ahora pienso que por eso tu patrón Higinio Severino, cuando salía de viaje te dejaba a ti la llave de la caja fuerte para pagar el camión de harina, o sea que confiaba más en ti que en su mujer e hijo, sí, admítelo padre, no seas tan modesto; esa forma de ser también a mí me ha permitido ir por el mundo con la cabeza bien alta, como tú decías.
Tiempo después en la mina de wolframio a cielo abierto en Barrueco, propiedad también de Higinio Severino, demostraste tu resistencia física, caminando de casa a la mina doce kilómetros y otros tantos de vuelta,  soportando ocho o diez horas de trabajo, tirando barrenos y picando, hasta que compraste la bicicleta, ¿Cómo? ¿Qué veinticuatros kilómetros diarios andando estaba chupado? No exageres padre, ¡vamos hombre! Pues menos mal que pudiste comprar la bici y pagarla a plazos en un año,  que si no… Y después de la mina recuerdo cuando comenzaste de barrenero en la carretera del Salto de Aldeadávila haciendo saltar las rocas, ¿no me dirás también que aquello no era duro?, porque eres capaz; recuerdo aquel camión destartalado cargando piedras y el resto con carros tirados por mulas, que mira por donde allí perdió la vida José “Canillas”, tu íntimo amigo, compañero de mili, al que tuviste que sacar debajo del carro cuando volcó. No sigo porque tendrías para escribir un libro con tus vivencias, ¿qué?, ¿dos libros  me dices?, pues pensándolo bien, yo apostaría que más de diez, porque noventa y tres años de vida plena, dan para mucho, padre, para trabajar  y  criar once hijos con el salario de  obrero, que mérito tiene, y después del curro , el ocio, como decías, pero antes el curro, como Dios manda, y anda que no viajaste después de jubilado con la “Asociación”, que si viajes a Portugal, a Cáceres, a Valladolid, Segovia, Madrid, ¡yo qué sé! ¡ah!,¿que no me olvide de Andorra, pues es verdad, con setenta y ochenta años te cogías el portante, tú solito y ¡hala! “me  voy a ver los hijos a Andorra y de paso me paro en Barcelona para ver a mi hermana Tere y los suyos”, y también cuando fuiste a Paris, es cierto, tres veces, ya se me olvidaba si no me lo dices.
Lo que sí puedo afirmar es que desde que te jubilaste has disfrutado como nadie cultivando el huerto junto a la casa. A mí lo que me encantaba, padre, era cuando a partir de mayo se llenaba de colores y asomaban por aquí y por allá tomates, berenjenas, pimientos, ajos, cebollas, lechugas, cerezas y ciruelas ¡yo que sé! Y recuerda que te decía: “Vende los frutos, padre, que sacas un dinerito”, y tú:” No, hombre, prefiero regalarlos, yo disfruto así, la gente es muy agradecida.”
Pero la vejez ,padre, no perdona y  el otro día, hace como un mes, ¿recuerdas? cuando estabas sentado en la silla de ruedas en el salón de la Residencia de Mayores de Masueco, me quedé… no me sale la palabra ahora, es igual, padre, el caso es que yo tenía una mano sobre la tuya y la otra debajo para calentártela porque la tenías algo fría ¿recuerdas?,¿ que no caes?, bueno, es igual, el asunto es que  de pronto despertaste de tu sopor y yo me quedé medio alelado, eso, eso, alelado, cuando me dijiste “:¡Qué corta es la vida. ”
Le estuve dando mil  vueltas toda la noche a la frasecita hasta que le encontré, eso creo, pero no estoy seguro, el significado más profundo.
 
Madre nos “dejó” por ahora hace dos años, cuando el campo se cubría de florecitas amarillas, y tú has ido a su encuentro cuando estas mismas florecillas han resucitado para vestir de nuevo el campo. Yo me pregunto si la vida no es precisamente eso: un eterno resucitar, y, mientras voy siguiendo tus pasos, que no creo que llegue tan lejos como tú, porque mi generación es de los  de yogures desnatados, y por eso somos más blandengues, no te rías, padre, que bien lo sabes que es así, recordaré entonces, al final del camino cuando vaya a vuestro encuentro, tu frase, y  sin dudarlo un momento estoy seguro que  te imitaré diciendo:
“¡Qué corta es la vida!”

 

 

 

                             

21 octubre 2013

La lluvia

La tan ansiada lluvia por fin llegó. El campo estaba seco y reseco, el ganado apuraba las últimas hierbas trillada de de puro seca. Tres meses largos sin caer una gota de agua es mucho para un campo como el nuestro  donde la humedad desaparece rápidamente con los calores. Acabó el verano y dio paso al otoño, y aunque el cielo comenzó a nublarse, no parecía que iba en serio, porque nos había engañado varias veces. Pero se levantó el aire de abajo (Suroeste) y, como sabemos los del lugar, con él casi nunca falla el agua. Así que después del viento que arreció  durante el día y se prolongó durante la noche, dio paso a la lluvia, y ahora si era de verdad. Más de lo que anunciaba el hombre o la mujer del tiempo, porque la borrasca se iba para volver sobre sus pasos y así llovió de lo lindo. La tierra absorbió toda la caída, era mucha la sed, se formaron algunos charcos en el cuenco de algún regato, pero cuando la abundante y generosa lluvia cesó después de varios días, el viento de arriba (Noreste) evaporó el sobrante, pero la tierra había administrado sabiamente tan valioso tesoro. Y para premiar la atención del cielo, la tierra lo agradeció con flores. Al verlas, dudé por un momento si era o no primavera, pero la hierba seca no engañaba: es el otoño. Y el campo comenzó a sustituir el ocre desteñido y roñoso por el verde refulgente de hierba otoñal que, junto con el maraojo, lo cubren ya todo. Félix

23 septiembre 2013

La peña el Lagarto

                                          " Mamacabras", que me vino a saludar .Así lo llamábamos de pequeños a esta lagartija

  El título no tiene nada que ver con la célebre  y bullanguera (para bien de las fiestas en San Lorenzo), peña “El Lagarto”, que tanto se ha prodigado y tan buenos recuerdos nos ha dejado. No, mi peña es de otra índole; es rocosa, granítica  para más señas.  Aunque mirándolo bien, mi peña, algo tiene que ver con este reptil (no el de la foto) que, diezmado como tantas especies de nuestro entorno, sigue apareciendo tímidamente para decir que ahí sigue.


Así que  a finales de agosto volví a visitar el altozano de las Tejoneras para ver qué atuendo lucían ahora las peñas con las que comparto algunas soledades. Y claro que me recibieron con una vestimenta ligera, que es lo   propio  del verano; el verde oliva destacaba en su conjunto. Aunque unas porciones de amarillo  azafrán, sellaban el granito como el marchamo  inequívoco de la pureza  del aire, según los expertos en estas cosas del Medio Ambiente. Que aire puro en aquel teso rocoso es  lo que sobra.

                                             la mancha verde lagarto que cubre la peña

Pero lo que más me llamó la atención fue precisamente una mancha bastante amplia de un verde lagarto calcado. No solo el verde revelaba el mimetismo lagartero, sino que la textura adherida al granito era también idéntica a la rugosidad de la piel de dicho reptil.
“Mucho misterio tiene esto” pensé, imaginando un lagarto restregarse en la peña y, ésta, a modo de recuerdo, fijar la impronta para formar parte de su  indumentaria estival. Misterios de la Naturaleza que nos agasaja con estas bellezas tan singulares.
El mundo seguirá por los derroteros que quiera, pero las peñas de mi pueblo seguirán el curso de la historia al margen de los avatares humanos, ofreciendo belleza y paz a quien desee compartir con ellas un  rato.  Félix
                                           Cabeza decapitada de erizo sin púas.

12 julio 2013

las peñas de mi pueblo

Siempre me ha cautivado el misterio de las peñas. Sobre todo las de mi pueblo porque con ellas crecí, unas veces subido en la Peña de la Vela desde donde se oteaba el horizonte, otras veces disfrutando de la Peña Resbalina o rodeando en el centro del río a la Peña Singuilina, a la que era imposible subirse porque es lisa como un huevo.
Hay más peñas pero estas son las más famosas, de modo que ahí llevan millones de años viviendo, porque vida tienen. Y a lo largo del año se van vistiendo con distintos atuendos, con coloridos que representa cada  estación del año, y es que así viven, evolucionando como el resto de seres vivos.
Hoy me he parado a fotografiar unas peñas anónimas, de esas que nadie le presta atención porque su forma no resulta atractiva y  nada nos ofrecen de particular.
Así que yo las presento con su colorido de verano, dominando los tonos grises y pardos. Han dejado atrás los verdes primaverales y los musgos de invierno y en ellas han nacido plantas y líquenes que han estado esperando su momento. Por eso me parece a mí que las peñas sí tienen vida aunque lleven ahí quietas millones de años.
Estas peñas anónimas de mi pueblo siempre están ahí para ofrecer su encanto,
si es que alguien se para a mirarlas. Yo las he mirado y me he tumbado en ellas un rato boca arriba, mirando al cielo y recibiendo su energía en la espalda, que es otra forma de comunicar en silencio.
Félix

29 junio 2013

Recordando a mi primo Adolfo


El otro día, el veintidós de junio, hizo cinco años que nos dejaste. Ese veintidós que el azar ha querido que también mi madre nos dejara hace dos meses, aunque la separación de los seres queridos  sea solo física.
Por motivos ajenos a mi voluntad ese veintidós no pude subir este recordatorio como lo venía haciendo en años anteriores.
Ese día sí estuve contigo, leyendo ese maravilloso libro que escribiste hace treinta y cinco años, cuya historia y argumento sigue estando vigente por cuanto en el fondo la sociedad apenas ha cambiado,  y cuyo titulo es:”Va a nacer un niño”,y que recibió el segundo premio ”Trípode 79.”Ya sé que tú no perseguías los premios, pero un segundo premio, y tienes que yo sepa al menos dos, equivale al primero. Esto venía a decir Cervantes en el Quijote:” El primer premio suele estar amañado, el segundo suele ser el mejor, de modo que el segundo pasaría a ser primero, el tercero segundo, y el amañado  pasaría a ser el tercero.”Gran genio Cervantes, pues en esto  de los premios, como en tantas cosas, nada ha cambiado desde entonces, y han pasado siglos.
El caso es que me detuve en un párrafo de los muchos interesantes que podría transcribir, pero como sería muy largo, me doy al menos el gusto de transcribir este que me hace comulgar con tu pensamiento, que es otra forma de seguir unidos. Y en tú dialogo con ese niño que lleva la madre en el vientre leo esto:
 “…No creas, hijo, que estoy en contra del progreso. ¿Como voy a estarlo si, al fin y al cabo, gracias al progreso vivimos con mayores comodidades, al menos materiales? Pero creo sinceramente que no hemos sabido asimilar el progreso, que todo lo hemos vuelto progreso, y que hemos convertido el progreso en un dios disparatado y loco. ¿Quien duda de que hoy el progreso nos ha sumido en otras tantas muertes absurdas y despiadadas? Tenemos, por ejemplo, el progreso de la locomoción: nos ha ahorrado tiempo en ir y venir, pero nos está descuartizando personas. La enfermedad del automóvil atenta contra el progreso de la medicina…Lo trágico, hijo, es que necesitamos todavía el automóvil…porque la planificación de nuestro modus vivendi está en función del automóvil.

Vivir en el centro de la ciudad y trabajar en el este.
Vivir en el este y acudir al centro para cualquier trámite de certificación.
Escoger el doctor que fíjate donde tiene la consulta…
Todo lo hacemos a la inversa: el padre trabaja en el sur, el hijo acude a la universidad del este, la hermana al colegio de secundaria del norte…
¿Te parece que exagero? Pues conozco a gente que funciona así.
Y aún no hemos hablado de lo peor: la contaminación, producto inequívoco del progreso y de la estructura de la vida moderna. Y la poca cabeza de muchos de nosotros… ¿Qué pulmones infantiles podrán soportar este veneno que es el aire contaminado de las ciudades?
…-Papá quiero vivir en un jardín.

-…No podremos, hijo, ni en el campo tampoco…tendrás que vivir aquí con nosotros en la ciudad, porque estamos estructurados para vivir aquí. La ciudad es nuestra cárcel en libertad, hijo.
… ¿Y quien dice:”Puesto que una de las causas determinantes de la contaminación es el uso irracional del automóvil, yo voy a prescindir de él?”Nadie lo dice, hijo. Nadie lo hace. Porque nadie, en concreto, se siente culpable del delito de contaminación.
Acabo de tener entre mis manos un libro cuyo autor, en un capitulo que titula:” Gente, gente, gente”, se queja de que están naciendo muchas, demasiadas personas. Mira por donde, parece que tú ya eres, desde ahora, un atentador contra la vida de las personas, puesto que según el autor, eres ya un sujeto de contaminación. Mira por donde el hecho de nacer hoy se está convirtiendo en una causa de muerte. Mira hasta donde tienes  tú también la culpa de esto. El autor dice:
“-Uno de los mayores problemas al que debemos hacer frente es el que nos plantea el desorbitado crecimiento de la población. Somos muchos en este mundo, demasiados.”
Entonces… ¿Quién sobra?
Creo, hijo, que el problema no es este. No puede serlo. Simplemente estamos mal distribuidos. Imagínate nuestra ciudad: Caracas. Miles de personas se mueven diariamente por los cuatro puntos cardinales de ella.  Imagínate que un día detenemos a un transeúnte  anónimo y le decimos:
-Usted sobra en el mundo.
Pueden ocurrir varias cosas: que me llame loco, que me pegue una bofetada o que me diga:
-¡Sobrará usted!
Y comprendo, hijo que el mundo va en aumento creciente de la población. Sí: consumimos más, derrochamos más…Pero el problema es: ¿por qué derrochamos más?
 Es cierto que miles de personas se mueren de hambre, pero…por qué otros derrochamos la comida que  podría alimentar a esos millones de hambrientos? Pienso  que nadie sobra, hijo…Todavía no he oído a ninguna persona decir:
-¡Sobro yo!...

Excelentes reflexiones, primo. El libro está plagado de perlas como estas; reflexiones que deberíamos  plantearnos hoy día como hace  casi cuarenta años cuando lo escribiste, pero no es nuestro fuerte lo de reflexionar, en este país nuestro.
Así que repasando tus escritos, querido Adolfo, va pasando el tiempo, y así la vida que nos plantea cada día nuevos retos, se hará más placentera recordando tu pensamiento, que es lo mismo que caminar junto a ti.
Félix.