02 noviembre 2022
01 noviembre 2022
EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS
El día de Todos los Santos es el día de todos, de todos los Germanes,
de los Afrodisios, de las Isabeles, de las Raqueles, de los Josés y las Marías
Josés, de las Nieves y Noelias y de todos los que deseamos un mundo en paz.
Abuela se levantó ante el quejido de la silla, poniendo la mano en el
cuadril, “dichosa cadera, los años, hijos”; nos besó y, “no olvidéis, hijos, de
rezar al acostaros”, y así lo hicimos.
La noche comenzaba a adueñarse de la aldea. A lo lejos vislumbré una
luz borracha que flotaba como un fantasma y apreté la mano de la abuela, “no
temas, hijo, Dios nos protege, es la luz del farol del tío Leandro que va al
corral porque una oveja le ha parido dos corderos.
Pero eso, amigos míos, fue hace muchísimo
tiempo, y después, cuando yo peinaba canas marchitas, llegó Halloween, acaso para
remediar algo, o para enmascararlo todo.
A cada generación, sus certezas y
desengaños, sus alegrías y llantos…, y su toque de campanas, ya de vuelo alto
cansado hacia el olvido.
Que el universo que nos trae y nos lleva a su antojo, nos sirva un
mundo (en este día de Todos, de Todos los Santos), pleno de armonía y paz.
Amén.
Félix Carreto.
La Zarza de Pumareda. 1 de
noviembre de 2022
17 septiembre 2022
NATURALEZA MUERTA PERO VIVA
Hay veces que uno pasa
al lado de una obra de arte, pequeña o grande, sin percatarse. Por eso, cuando
salgo de paseo, en este caso a caminar por los caminos de mi pueblo, suelo
abrir los ojos con afán de encontrar algo sustancioso para inmortalizarlo con mi
cámara que siempre me acompaña colgada al cuello, como si fuera el brazo de la
novia. Y es que hay amores secretos de los que uno nunca se separa.
Así que en las afueras,
estaba mi amigo Casto, ya jubilado, que es un amante de la naturaleza, que
restaura chozos de piedra, paredes de las fincas que se derrumban, etcétera. El
portón de su almacén estaba entreabierto, creando los rayos del sol una zona
iluminada y la consiguiente sombra. Me acerqué para saludarlo y vi en el suelo
lo que muestra la foto. Inmediatamente me vino a la mente el título de la obra:
“Naturaleza muerta pero viva”. O sea un bodegón a ras de tierra, un bodegón con
sabor a sandía y melón, un bodegón con la hoz rústica, de fabricación
artesanal, herramienta inseparable de todo amante de la naturaleza que cultiva
los frutos y los protege de la maleza, para eso está la hoz, y la azada, o
“zacho”, que decimos en mi pueblo.
Está claro que la obra
de arte estaba ya creada cuando yo la vi, solo quedaba inmortalizarla. Fue como
un regalo antes de emprender el paseo largo. No me cabe duda de que la
felicidad está ahí, en esos momentos efímeros, en esas obras de arte que te
esperan en cualquier lugar, basta con abrir los ojos. Un vientecillo del norte,
suave me acompañó en mi caminata, feliz por haber descubierto esa estampa
campestre que estaba aguardándome.
Cuantas veces pasamos
al lado de alguien que te envía una mirada solicita sin conseguir captar el
mensaje. Misterios de la condición humana. Y así caminamos por el mundo a la
búsqueda de algo que nos satisfaga, que nos haga felices, así sea por un
momento breve. Esta mañana yo me topé con esa felicidad que me atrapó al vuelo.
Gracias, amigo Casto.
10 agosto 2022
¡LLUEVE EN LA ZARZA DE PUMAREDA!
Si anduviera entre
nosotros la Tía Petra, la alguacila de mi infancia, es muy probable que alguien
la hubiera animado para, cornetín en mano, anunciar por las calles la buena
nueva ¡Alegría, zarceños, está lloviendo! Y su voz cálida hubiera volado de casa
en casa, de teso en teso, de huerto en
huerto, de tomatera en tomatera. Y es que acaba siendo insoportable este calor
asfixiante de todo el mes de julio y lo que llevamos de agosto, y lo que te
rondaré morena. Las plantas sufren, como las personas, sus flores se
achicharran con el sol del mediodía y caen desfallecidas sin lograr superar la
siguiente fase para ofrecer su fruto “¡Llueve en La Zarza de Pumareda”. Y es
que siempre se ha dicho que lo poco agrada, pero lo mucho cansa. Este calor
tórrido afecta a todo ser viviente, ensañándose con los más débiles, como
siempre.
Anoche creí que soñaba
cuando a eso de las dos, más o menos, escuché, a través de la ventana abierta,
como un ventarrón y, al poco, un par de truenos y acto seguido el tintineo de
la lluvia. Agucé el oído para cerciorarme y, sí, no era un sueño, era un sueño
real.
Desde el primer piso
del Ayuntamiento, en la sala de la exposición fotográfica, a eso de las once de
la mañana, observo con deleite después de mucho tiempo, cómo el agua golpea las
tejas de un local bajo la ventana. ¡Qué
gusto!, qué sensación casi olvidada, ese repique del agua, esos espejos en el
suelo. La carretera luce su azabache plateado. Hay un silencio dulce en la
atmósfera. El agua corre mansamente sobre el cemento. Desde lo alto con una
panorámica envidiable, observo dos personas en el quicio de la puerta
contemplando la lluvia, otras personas miran a través de la ventana, todas las
miradas están puestas en la calle, se ha apagado el fuego de la cocina donde
chisporrotea la sartén pasa salir a ver llover. Nunca llueve a gusto de todos,
es cierto, pero hoy es una excepción, hasta ahora, pues si persevera, alterará
los programas festivos al aire libre. Aceptamos el canjeo; lluvia por acto
lúdico.
Escampa, salgo a la
calle. Enfrente del Ayuntamiento, bajo un cobertizo y a modo de terraza, una
niña rubita de apenas un año, sonríe
sobre el regazo de su tía, que es joven y podía ser su madre. Unas
plantas en sus macetas han recibido el agua salpicada y sus hojas tienen el
lustre de la felicidad. La niña sonríe cuando la solicitas. Ella no sabe que la
lluvia es vida, que no hay vida sin agua. Ella vive el momento de felicidad,
como los demás cuando fuimos niños en brazos firmes y seguros y cálidos. Ella
es como la lluvia en esta mañana festiva de San Lorenzo, nuestro Patrón: un
remanso de paz y de esperanza en este mundo tan revuelto y disparatado, pero
también alegre cuando nos empeñamos.
Por un momento, la
lluvia nos ha alegrado y la buena nueva nos trae la esperanza: resistir entre
la mediocridad, entre el sofoco estival: La Tía Petra, nuestra alguacila seguiría
soplando el cornetín para anunciarnos la buena nueva: “¡LLueve en la Zarza de Pumareda!”
24 julio 2022
“La Zarza de Pumareda en mi corazón”
Acaba de salir a la luz
mi nuevo libro. Un libro de 204 páginas donde hago un recorrido por muestro
pueblo de Zarza de Pumareda. Recorrido que abarca desde los años cincuenta y
sesenta hasta nuestros días. Unas veces en forma de relatos (muchos acompañados
de fotografías), narrados de diversas maneras; a menudo en primera persona,
otras veces con monólogos, otras en forma de poemas. Todos los estilos caben
para darle una diversidad narrativa que enganche desde la primera página hasta
la última. La temática es simplemente universal, pues lo relatado va más allá
de lo local al tratarse de evocar sentimientos y emociones que nos son comunes
a todos los humanos.
Están presentes, sobre
todo, las costumbres del mundo rural, las tradiciones, el duro trabajo del
campo, pero también la celebración de numerosas fiestas, la belleza del entorno
campestre con robles y escobas en abundancia, con sus chozos de piedra
“cabañas”, como símbolo de un tiempo pasado y, en definitiva, se destaca la
importancia de lo esencial: el fluir de los días al ritmo de la naturaleza.
Se resalta el poderoso
vínculo afectivo que se crea con el lugar donde uno echó sus raíces, la
impronta indeleble y el carácter que se va forjando a través de las calles
donde jugó, con el campo que recorrió, con los animales domésticos que
compartió días, con el sinfín de olores y aromas; los culinarios, los de los
frondosos huertos y el ancho campo, el
inconfundible olor a tierra mojada que traían las tormentas del estío. Más
que el arranque de lo que uno sería más
tarde, diría yo que es el destino el que se labró en esos primeros años de
existencia, algo que uno va descubriendo en la edad madura.
Disponible en Zarza de
Pumareda. Contacto Email:
felixcarreto@hotmail.com