20 junio 2010

Colores y amores de mi tierra


El otro día estuve e La Zarza y aproveché para disfrutar y despedirme de la primavera que se nos va dejando los últimos colores y aromas de nuestra tierra. Lentamente se desvanece ese manto primaveral y la alfombra de flores de la foto son las últimas de la primavera para dar paso a las flores ,ya escasas, propias del verano, que también las hay. La cabaña de la foto es un símbolo de la supervivencia porque cuando abrieron los nuevos caminos de la parcelaria, vi las maquinas tan cerca de ella que creí que se la llevarían por delante sin piedad como lo hicieron con las paredes y otras obras de arte cuyas piedras que con tanta ilusión colocaron nuestros antepasados para levantar las cercas, o cabañas, o arrimaderos ,o puertas de entrada a las fincas, han quedado sepultadas para siembre bajo los caminos; otras el antiguo dueño se las llevó para su nueva propiedad, o las amontonó en su parcela, y en algunos casos han sido vendidas y han viajado para morir cuando le llegue el momento en otro lugar. Es de justicia resaltar que algunas obras de arte, aunque contadas, se han salvado y sus nuevos propietarios las han rehabilitado. Y como cada año, llegó la primavera, y los montones de piedra los va transformando en montículos cubiertos de flores, y la desfiguración del paisaje ocasionado con la parcelaria, la primavera se cubre de flores, y las heridas quedan camufladas ,y con el paso de los años poco a poco el campo vuelve a ser el de antaño porque la naturaleza paulatinamente impone su terca ley rubricando con la primavera su empeño por restaurar los daños causados. Estuve a punto de tumbarme sobre el manto florido delante de la cabaña, pero desistí para no alterar tanta belleza. Me quedé un rato divagando sobre la supervivencia de la cabaña, pequeñita ella, probablemente hecha a la medida de quien la construyó, con el espacio suficiente para resguardarse del frío y del calor, y de la lluvia, quizás para reconciliarse consigo mismo, aislado del mundo externo como el feto en su útero. Pues como diría mi primo Adolfo, en esas cabañas hubo vida y quizás amores incipientes, y sueños que se diluyeron haciendo camino porque su sino es auxiliar al caminante y prestar el refugio para cada ocasión. La cabañas siguen estando ahí tambien para adornar el paisaje que moldearon nuestros antepasados .Se nos va la primavera, pero siempre volverá. Félix

1 comentario:

Manuel dijo...

Al ampliar la foto... ¡ZAS! y llenar la pantalla se perciben las fragancias varias que salen de todas las florecillas, hierbas aromáticas algunas de ellas. Dan ganas, y pena a la vez, de pisar esa alfombra para sentir y percibir las sensaciones que todos sabemos. El cielo, las nubes y hasta el aire que se ve, completan la estampa.
Gracias a esta imagen, la primavera durará un poco más en La Zarza virtual.
-Manolo-