12 mayo 2009

El simbolo de la cruz









Estas fotografías las presenté al “certamen de fotografía sobre cultura popular” convocado por el Ministerio de Cultura, y fueron seleccionadas, siendo publicadas posteriormente en un libro por dicho ministerio. Tambien han sido expuestas en diversos museos y centros culturales de toda España. El tema de las cruces lo hablé con Adolfo y tras visionar una de las que no figuran aquí le dedicó un hermoso relato que tituló “El camino de la cruz” .
En su momento le dedicaré, recordándole una vez más, las cruces del calvario de Cardeñosa que conocía y que tanto amaba entre otras cosas por haber compartido estudios con compañeros de esta localidad, calvario que considero el más bonito de España donde se han rodado escenas para filmes históricos, mostrado aquí con las cruces en medio de la nieve. A continuación añado el texto incluido con las fotos en dicho certamen. Félix


EL SÍMBOLO DE LA CRUZ

Al mismo tiempo que la conquista de la Península Ibérica por los romanos se produjo la difusión paulatina del Cristianismo, que desde Palestina había llegado antes a la capital misma del Imperio.

La expansión de la nueva religión tuvo tal pujanza que incluso abocó a la conversión a ella de los invasores bárbaros que pusieron fin a la presencia romana en tierras hispanas adoptándola ellos mismos.

A lo largo de los siglos la influencia del Cristianismo acabó extendiéndose a todos los rincones del país y capas sociales de la población, hasta el punto de impregnar amplia y profundamente tanto el paisaje como el modus vivendi de las gentes.

Una muestra señera y popular de ello sería la construcción de iglesias, capillas... a lo largo y ancho de la geografía, así como del símbolo que identifica al propio cristiano: la Cruz, en todas las manifestaciones posibles, no sólo como elemento integrante de edificios religiosos, sino también de forma aislada en lugares señalados y concretos de significado singular, a veces sustituyendo antiguos lugares de culto pagano, como colinas, altozanos, encrucijadas de caminos y otros puntos destacados del paisaje. Dicho símbolo pasaba así a recordar de modo permanente a quién lo divisaba la huella ubicua del credo cristiano.

Al margen del frenético ritmo que caracteriza nuestra época en todos los ámbitos y aspectos, hoy en día muchos de tales símbolos parecen haberse quedado anclados en el tiempo, olvidados por todos, en los lugares más insospechados dando todavía testimonio de unas creencias, hábitos y costumbres, otrora omnipresentes en la vida de las gentes y a la vez moduladores de su modo de entenderla; afectando no sólo a la fe, sino también a la propia existencia.

Así pues, la cruz puede representar un calvario en la cima de una colina; recordar en un acantilado costero a los que salieron al mar y ya nunca regresaron; evocar a alguien muerto de accidente, desgracia, o incluso por causa natural, al borde de un camino o carretera; invocar la protección espiritual de un lugar o incluso de una cosecha...

...Y una mañana de invierno las cruces del calvario amanecieron cubiertas de nieve y carámbanos, pero una primavera de tantas también florecieron con la Semana Santa.

Cruces, cruz que se alza en medio de un vasto campo de cereales, piedra solitaria donde la piedra no existe a menos de veinte kilómetros a la redonda y que refleja el sudor y el tesón de quienes la izaron, hoy rodeada de cereales y entre amapolas que al ritmo del viento primaveral se cimbrean en una danza suave. Cruz que sigue protegiendo los campos, ahuyentando plagas y tormentas, ofreciendo descanso al ave que se posó antes de alzar de nuevo el vuelo; cruz que renace cada primavera.

Cruz incluso insertada en el muro de una vivienda, atrapada en su fachada, ofreciendo su misterio, porque cada cruz es un misterio enterrado en cada alma.

Cruz también de abrevadero que un día, hace ya dos siglos, según consta en la cabecera del caño, levantaron los campesinos para pedir probablemente la protección de su ganado, sustento del labrador y ayuda indispensable en su trabajo.

En esta diversidad de cruces podemos observar en una céntrica plaza madrileña un cruceiro, izado cual faro que quisiera iluminar, proteger y arropar con su presencia el quehacer cotidiano de quienes tuvieron que abandonar su Galicia natal, su cultura, sus seres queridos en pos de una vida mejor en la gran urbe.

Todas las cruces son otros tantos gemidos y llantos, consuelos y abrazos, esfuerzo y descanso, sueños realizados, arados surcando, testigos de un tiempo que vamos labrando.
Félix.

3 comentarios:

Manuel dijo...

"Colores y amores de tu tierra" ...
Tienen color y amor estas imágenes, bellas por naturaleza y por los momentos de cada una.
Guarda bien ese tesoro que tienes acumulado, Félix, y gracias por irnos haciendo partícipes de él.-Manolo-

Salva dijo...

Felíx, el texto es tuyo, o te lo hizo Adolfo·"al ritmo del viento primaveral se cimbrean en una danza suave" me suena a él.
He puesto como salvapantallas la foto de la cruz con cielo de blancos nublados y el ave que da vida a ese instante. Saludos. Salva

Anónimo dijo...

Hola,Salva.El texto es mio,sin duda influenciado por la lectura de Adolfo lo cual es un orgullo para mi impregnarme de tanto cuanto nos dejó;el vículo familiar hará el resto,pienso yo.Siempre digo que el escritor que más me llena es Adolfo ,quizás porque sienta las cosas como él las sintió,y si yo hubiera tenido la capacidad ,hubiera escrito lo mismo que él.Saludos .Félix.